Sobre mí

Fernando Molina

Soy Fernando Molina y nací en una pequeña aldea de la Costa da Morte aunque me crié en Arteixo, un pueblo de la provincia de La Coruña y mi historia en el mundo del pladur y la escayola comenzó en el año 2001 cuando tenía 16 años.

Entré en este oficio casi por casualidad ya que mi padre tenía un amigo que trabajaba en el sector y necesitaban ayuda justo el verano en el que terminé mis estudios. Acepté un trabajo como ayudante de escayolista y desde ese primer día en el que comencé colocando molduras en un chalé, supe que eso era lo que quería hacer, me enamoré.

Comprobar al final del día el trabajo realizado, sentir que estás ayudando a familias a formar su hogar, ver esa ilusión en sus ojos, recibir sus palabras de agradecimiento por un trabajo bien acabado… fue una sensación que me enganchó para siempre.

Con el tiempo, fui adquiriendo nuevas habilidades y adaptándome a los cambios del sector. Cambié de empresa y me especialicé en la instalación de placas de yeso laminado, más conocidas como pladur. A los 21 años ya dirigía mi propia empresa en La Coruña con varios empleados, pero en 2008-2009 llegó la crisis en el sector de la construcción y como muchos otros, tuve que cerrar. Fue un golpe duro que me llevó a replantearme el futuro e influido por mi entorno familiar -soy hijo de un Policía Nacionaldecidí presentarme a las oposiciones, aprobé y durante 13 años serví como funcionario en la Policía Nacional recorriendo media España hasta establecerme finalmente en la Sierra de Madrid hace más de 7 años.

Una vez asentado y apoyado por mi familia fue cuando decidí retomar mi vocación. No fue sencillo tomar la decisión de dejar un sueldo estable para lanzarse a una aventura de estas características con una familia numerosa a las espaldas y la responsabilidad de hacerlo siempre lo mejor posible para que jamás les falte nada. Pero los sueños se inician con un primer paso y yo, lo di. Comencé a trabajar como instalador independiente compaginando ambos trabajos, pero finalmente tomé la gran decisión, pedir una excedencia en la Policía para dedicarme de lleno a mi verdadera pasión, construir.

Hoy vuelvo a ser empresario, pero esta vez con más experiencia, madurez y una visión mucho más clara. Me definen los valores adquiridos en todos estos años, compromiso, seriedad, fiabilidad, respeto por los plazos y acabados de calidad. Estoy aquí porque lo deseo, porque creo en lo que hago y porque me apasiona este oficio.

Me siento afortunado porque estoy casado con la mujer de mi vida, tenemos el hogar que siempre hemos deseado tener y estamos rodeados de nuestros cinco hijos que son todo nuestro mundo. Algo que tengo muy claro es que jamás les voy a fallar ni a ellos, ni a las familias que confían en mí para llevar a cabo sus proyectos. Construyo con el mismo compromiso con el que estoy construyendo el futuro de mi familia.